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TRANSITO LUNAR

Precio

$298,000.00

TÍTULO:            TRÁNSITO LUNAR

AUTOR:             GRISELDA ALCÁZAR

TÉCNICA:         ÓLEO SOBRE TELA

MEDIDAS:        170X120 cm.

Discurso de presentación de la obra – Tránsito Lunar

Esta obra nos invita a entrar en un universo donde la lógica cede el paso a la imaginación. Como en un sueño lúcido, cada elemento parece imposible y, sin embargo, encuentra su lugar dentro de una narrativa.

El tablero de ajedrez que sostiene la escena representa la vida misma: un territorio de decisiones, estrategias y caminos inciertos, es un elemento que utilizo constantemente en mi trabajo porque representa el camino que recorremos todos los días. Sobre él avanzan los personajes de esta historia, no como piezas sometidas a reglas rígidas, sino como seres libres que han decidido transformar el recorrido en una aventura.

En primer plano aparece un niño sosteniendo la luna como si fuera un globo. Para mí, los niños representan esa parte de nosotros que aún conserva la capacidad de sorprenderse, simbolizan nuestro mundo interior, esa versión de nosotros que sigue haciendo preguntas, soñando y buscando respuestas.

La luna, convertida en un objeto cotidiano, simboliza los sueños que iluminan nuestro camino y que, muchas veces, son más ligeros de lo que imaginamos.

Los animales que recorren el tablero en bicicleta representan distintas formas de habitar el mundo. Son compañeros de viaje que simbolizan la intuición, la fuerza, la sensibilidad y la libertad. No compiten entre ellos; simplemente avanzan juntos, recordándonos que cada ser tiene su propio ritmo y su propia manera de recorrer la existencia.

El faro, convertido en una pieza de ajedrez,  simboliza la búsqueda de dirección en medio de la incertidumbre. Es una luz que no impone un camino, sino que ayuda a descubrirlo. Mientras tanto, las mariposas y los globos que flotan en el cielo sugieren la posibilidad de cambio, crecimiento y elevación espiritual.

La frase Carpe Diem aparece como una invitación a vivir el presente. A veces estamos tan preocupados por el siguiente paso que olvidamos disfrutar el lugar en el que estamos.

La obra propone una reflexión sencilla pero profunda: la vida puede ser un juego complejo, pero también un espacio para la imaginación, la curiosidad y la alegría. Quizá la verdadera estrategia no consiste en llegar primero, sino en conservar la capacidad de mirar el mundo con los ojos de un niño, sostener nuestros sueños con firmeza y atrevernos a recorrer el tablero acompañados por aquello que nos inspira.

Cantidad

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